Para el alumnado
En SAMland vamos a crear un paisaje de una manera diferente. Esta vez no tendremos que representar todo únicamente con lápices, ceras o rotuladores. Nuestro dibujo se irá construyendo mediante materiales reales con colores, brillos, transparencias, grosores y texturas diferentes.
Antes de empezar observaremos y tocaremos los materiales disponibles. Descubriremos que algunos son lisos, rugosos, suaves, duros, blandos, brillantes, mates, transparentes, flexibles, rígidos, finos o gruesos. También aprenderemos a distinguir entre materiales naturales y artificiales, uno de los contenidos que aparecen en la programación.
El reto será imaginar un paisaje y decidir qué material puede representar mejor cada una de sus partes. Puede ser un paisaje real —una playa, un bosque, una montaña, un pueblo, el campo— o completamente imaginario.
Por ejemplo, un trozo de papel de aluminio podría convertirse en un río brillante; el cartón ondulado podría formar una montaña; el papel cebolla podría representar las nubes; una tela podría convertirse en un campo; y unas hojas secas podrían formar la copa de un árbol.
Materiales que podremos utilizar

Todos los materiales deberán ser limpios, seguros, ligeros y suficientemente planos para poder fijarlos al papel utilizando únicamente pegamento de barra.
Primero pensamos el paisaje
Antes de pegar nada realizaremos una planificación sencilla.
Pensaremos qué paisaje queremos representar y cuáles serán sus partes principales: cielo, suelo, agua, montañas, árboles, edificios, caminos, nubes, sol, vegetación…
Después colocaremos algunos materiales sobre el papel sin pegarlos todavía.
Esto es importante: tendremos que probar distintas posiciones, mover los elementos y comprobar si ocupan demasiado o demasiado poco espacio.
Aprenderemos así que en Plástica también hay que pensar antes de pegar.
Elegimos las texturas
Cada elemento del paisaje tendrá que construirse pensando en sus características.
Si queremos representar una roca quizá nos interese una textura rugosa. Si queremos agua podremos buscar algo liso o brillante. Para una nube podríamos escoger algo suave o transparente.
No existe una única respuesta correcta.
Dos alumnos pueden representar un árbol utilizando materiales completamente diferentes y conseguir que ambos funcionen.
Lo importante será poder explicar:
“He elegido este material porque su textura me recuerda a…”
Construimos nuestro SAMland
Cuando tengamos claro dónde irá cada elemento empezaremos a recortar, rasgar y superponer materiales.
Utilizaremos pegamento de barra, aplicándolo con cuidado y sin utilizar más cantidad de la necesaria.
Podremos colocar unos materiales encima de otros para conseguir nuevos efectos. Una montaña podría tener varias capas; una casa podría combinar cartón, tela y papel; un árbol podría mezclar papel con hojas naturales.
Poco a poco nuestro folio dejará de ser una superficie plana y se convertirá en un pequeño paisaje lleno de relieves, transparencias, brillos y texturas.
Al terminar podremos tocar suavemente nuestro trabajo y descubrir que algunas partes no solo se ven diferentes: también se sienten diferentes.

Para las familias
¿Por qué creamos un paisaje utilizando materiales diferentes?
SAMland trabaja directamente uno de los contenidos de la programación de Educación Plástica: la clasificación de texturas naturales y artificiales, su exploración sensorial y su posterior incorporación a una obra plástica.
La actividad pretende que el alumnado comprenda que una textura no es solamente algo que podemos ver. También podemos tocarla, compararla, describirla y utilizarla con una intención artística.
Antes de crear, los niños y niñas exploran los materiales y amplían su vocabulario mediante conceptos como liso, rugoso, suave, áspero, duro, blando, brillante, mate, transparente, flexible o rígido.
Esta observación sensorial se transforma después en una decisión artística. El alumnado no recibe instrucciones como “utiliza algodón para las nubes”, sino que debe preguntarse qué material resulta más adecuado para aquello que quiere representar.
Así, SAMland incorpora también un importante componente de resolución de problemas y toma de decisiones.
El paisaje proporciona una estructura fácilmente reconocible para estas edades, pero permite una enorme variedad de resultados. Un alumno puede crear una playa y otro un bosque fantástico; ambos estarán trabajando exactamente los mismos conceptos plásticos.
La actividad desarrolla además la composición y la organización del espacio. Antes de pegar es necesario distribuir provisionalmente los elementos sobre la hoja, comprobar sus tamaños y decidir qué aparecerá delante, detrás, arriba o abajo.
El recorte, el rasgado, la colocación de piezas pequeñas y la aplicación controlada del pegamento contribuyen también al desarrollo de la motricidad fina y la coordinación óculo-manual.
Al utilizar materiales naturales y artificiales se introduce además una clasificación sencilla que ayuda al alumnado a observar de dónde proceden los materiales que utiliza y cómo una misma obra puede combinar elementos muy diferentes.
El uso exclusivo de pegamento de barra simplifica el trabajo, facilita la autonomía y evita materiales adhesivos más complejos. Por ello se seleccionarán previamente materiales ligeros y adecuados para esta técnica.
También se fomenta la reutilización creativa: papeles de regalo, revistas, envoltorios, retales o cartones que normalmente se desecharían pueden convertirse en elementos de una producción artística.
SAMland pretende finalmente que el alumnado descubra una idea fundamental de la expresión plástica:
una imagen no solo puede construirse con líneas y colores; también puede construirse con materiales, superficies y sensaciones.
