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Para el alumnado

En esta actividad vamos a empezar de una forma un poco diferente. El primer día recibiréis un folio y una única indicación:

tenéis que crear manchas.

Podéis hacerlas grandes, pequeñas, alargadas, redondas, juntas, separadas, superpuestas o repartidas por todo el papel. Podréis utilizar diferentes colores y formas, pero no debéis intentar dibujar nada concreto. En esta primera fase no buscamos representar una casa, un animal, una persona o un paisaje. Solo queremos llenar el papel de manchas y experimentar libremente.

Cuando todos los trabajos estén terminados llegará la segunda parte de la actividad.

Entonces descubriréis el verdadero reto:

Ahora tienes que conseguir que esas manchas formen parte de una imagen que pueda existir de verdad.

Tendréis que observar vuestro papel con mucha atención, girarlo si es necesario y buscar posibilidades. Una mancha puede convertirse en la copa de un árbol, el cuerpo de un animal, una montaña, una nube, una prenda de ropa, el fondo de un paisaje, una sombra, el agua de un río o cualquier otro elemento que vuestra imaginación sea capaz de encontrar.

No podréis borrar las manchas ni empezar otro dibujo. Tendréis que trabajar a partir de lo que ya existe, añadiendo líneas, formas y detalles hasta conseguir transformar una composición abstracta en una escena reconocible.

Lo importante será mirar las manchas de maneras diferentes y preguntarse continuamente:

¿A qué podría parecerse esto? ¿Qué puedo añadir? ¿Qué ocurriría si giro el papel? ¿Cómo puedo aprovechar esta forma en lugar de eliminarla?

Cada trabajo tendrá una solución distinta porque cada conjunto de manchas será diferente.

Al terminar podremos observar los trabajos de los compañeros y comprobar cómo, partiendo de formas aparentemente sin significado, han aparecido animales, lugares, objetos, personajes y escenas completamente distintas.


Para las familias

¿Por qué empezamos creando manchas sin explicar el resultado final?

Esta actividad es una adaptación para Primaria de “Manchas”, una propuesta de Vecindae basada en comenzar con formas abstractas y transformarlas posteriormente en una representación reconocible. La actividad original plantea precisamente una primera fase de creación libre, una segunda de transformación de las manchas y una última de explicación del resultado.

En esta adaptación hay además una decisión metodológica importante: el alumnado no conoce inicialmente la segunda parte de la actividad.

Durante la primera sesión únicamente se les pide que creen manchas. Esto evita que comiencen a diseñarlas pensando anticipadamente: “esta será una nube”, “esta será una cabeza” o “aquí haré un árbol”. Las formas aparecen de manera espontánea y no están condicionadas por una representación prevista.

Una vez terminado ese primer trabajo se presenta el verdadero desafío: transformar las manchas existentes en una imagen que represente algo posible o reconocible.

Este pequeño cambio convierte la actividad en un importante ejercicio de creatividad y resolución de problemas. El alumnado parte de unas condiciones que ya no puede modificar y tiene que encontrar una solución a partir de ellas.

Se trabaja especialmente la percepción visual. Los niños y niñas deben observar una misma forma desde distintas posiciones, descubrir semejanzas y reconocer posibilidades que inicialmente no estaban previstas. Girar el papel puede hacer que una forma aparentemente inútil se convierta en un animal, una montaña o un personaje.

También se desarrolla la flexibilidad cognitiva: comprender que un mismo elemento puede interpretarse de distintas maneras y que una primera idea no tiene por qué ser la única posible.

La actividad favorece además aprendizajes como la imaginación, la capacidad de asociación, la toma de decisiones, la planificación, la adaptación ante situaciones inesperadas, la tolerancia a la incertidumbre y la perseverancia. En lugar de desechar aquello que no encaja con nuestra primera idea, aprendemos a preguntarnos cómo podemos aprovecharlo.

Desde el punto de vista plástico se continúan trabajando la composición, el color, las formas, la organización del espacio, el control del trazo y la motricidad fina, pero el objetivo principal no es conseguir un dibujo técnicamente perfecto.

Lo verdaderamente importante es el proceso mental que se produce entre las dos fases:

primero crear sin saber qué será y después aprender a encontrar posibilidades en aquello que ya tenemos.

Por eso tampoco se ofrecen modelos de resultado. Dos alumnos pueden partir de manchas muy parecidas y transformarlas en imágenes completamente diferentes. La propuesta original de Vecindae destaca precisamente esa reinterpretación de las manchas y la variedad de soluciones que puede generar un mismo desafío creativo.

El aprendizaje final es sencillo pero muy valioso: crear también significa saber mirar de otra manera y encontrar oportunidades donde inicialmente solo parecía haber una mancha.

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