Cómo hacer una buena exposición oral en clase
Exponer un trabajo no consiste únicamente en leer lo que hemos escrito. Una buena exposición oral debe conseguir que las personas que están delante entiendan lo que queremos explicar y mantengan la atención.
Para ello hay que cuidar no solo el contenido, sino también la voz, la postura, la mirada, las manos, el movimiento y la utilización de los apoyos visuales.
Aspectos que vamos a trabajar
En una buena exposición oral debemos prestar atención a:
- La preparación antes de empezar.
- La postura corporal.
- La voz: volumen, velocidad, pronunciación y entonación.
- Las pausas y el ritmo de la explicación.
- La mirada hacia las personas que escuchan.
- El uso correcto del papel o guion.
- El movimiento de las manos y los gestos.
- El desplazamiento por la zona de exposición.
- El uso de la televisión, imágenes, presentaciones o trabajos proyectados.
- La coordinación entre la persona que habla y lo que aparece en pantalla.
- La forma de señalar y explicar elementos concretos.
- Cómo actuar si nos equivocamos.
- Cómo reaccionar si nos quedamos en blanco.
- Cómo comenzar correctamente una exposición.
- Cómo terminar y cerrar la presentación.
- Cómo conseguir que la exposición sea clara, natural y fácil de seguir.

1. Antes de empezar
Antes de hablar, colócate en una posición desde la que todos puedan verte correctamente.
No empieces mientras te estás colocando, buscando el papel o preparando la pantalla.
Comprueba que tienes preparado todo lo que necesitas:
- El papel o guion, si vas a utilizarlo.
- La presentación, imagen, vídeo, página web o trabajo que se vaya a mostrar en la televisión.
- Cualquier objeto o maqueta que forme parte de la explicación.
Cuando todo esté preparado, mira a tus compañeros durante unos segundos y comienza.
2. La postura
La postura transmite mucha información incluso antes de empezar a hablar.
Procura mantenerte:
- De pie y con el cuerpo relativamente recto.
- Con los hombros relajados.
- Con los pies apoyados de forma estable.
- Con una postura natural, sin estar excesivamente rígido.
Evita:
- Apoyarte constantemente en una pared, mesa o silla.
- Cruzar las piernas continuamente.
- Balancearte de un lado a otro.
- Encogerte detrás del papel.
- Dar la espalda a quienes te están escuchando.
La posición debe transmitir tranquilidad y seguridad.
3. La voz
La voz es una de las partes más importantes de cualquier exposición.
Volumen
Debes hablar suficientemente alto para que pueda escucharte la persona que está más alejada de ti.
No hace falta gritar, pero tampoco debes hablar únicamente para el profesor o para las personas de la primera fila.
Velocidad
Uno de los errores más frecuentes es hablar demasiado rápido.
Cuando estamos nerviosos tendemos a acelerar. Intenta hablar algo más despacio de lo que normalmente harías en una conversación.
Las personas que escuchan necesitan tiempo para entender la información.
Pronunciación
Pronuncia las palabras con claridad.
No te comas los finales de las palabras ni unas unas palabras con otras.
Entonación
Evita hablar todo el tiempo con el mismo tono.
Una exposición no debe sonar como si estuvieras leyendo una lista.
Puedes:
- Destacar algunas palabras.
- Hacer pequeñas pausas.
- Cambiar ligeramente el tono cuando comienza una idea nueva.
- Hablar algo más despacio cuando quieres explicar algo importante.
4. Las pausas también forman parte de la exposición
No hay que tener miedo al silencio.
Una pequeña pausa puede servir para:
- Separar dos ideas.
- Pensar qué vas a decir a continuación.
- Dejar que los demás observen una imagen.
- Destacar una información importante.
Es mejor hacer una pausa de dos segundos que llenar continuamente el discurso con expresiones como:
“eh…”, “pues…”, “o sea…”, “bueno…”, “en plan…”
5. La mirada
Durante una exposición debes mirar a las personas que te están escuchando.
No hables continuamente mirando:
- Al suelo.
- Al profesor.
- Al papel.
- A la televisión.
- A un único compañero.
Intenta repartir la mirada por diferentes zonas de la clase.
Puedes mirar unos segundos hacia un lado, después hacia el centro y después hacia el otro lado.
No hace falta mirar fijamente a una persona durante mucho tiempo. Lo importante es transmitir la sensación de que estás hablando con toda la clase.
6. Si tienes un papel en las manos
En muchas exposiciones utilizarás un papel como apoyo.
El papel debe funcionar como guion, no como una barrera detrás de la que esconderse.
Cómo sujetarlo
Sujétalo aproximadamente a la altura del pecho o ligeramente por debajo.
No lo coloques:
- Delante de la cara.
- Pegado completamente al cuerpo.
- Tan abajo que tengas que agachar continuamente la cabeza.
Cómo utilizarlo
Puedes mirar el papel para recordar la siguiente idea, pero después debes volver a levantar la mirada y explicarla a la clase.
Una buena técnica es:
Miro → recuerdo la idea → levanto la cabeza → explico.
Evita leer párrafos enteros sin levantar la mirada.
Si conoces suficientemente bien tu trabajo, podrás consultar el papel cada vez menos.
7. Las manos
Las manos pueden ayudar mucho a explicar.
Puedes utilizarlas para:
- Señalar.
- Enumerar varias ideas.
- Indicar tamaños.
- Comparar dos elementos.
- Mostrar direcciones o movimientos.
- Destacar algo importante.
Los movimientos deben ser naturales y relacionados con lo que estás diciendo.
Evita movimientos repetitivos producidos por los nervios, como:
- Jugar continuamente con el papel.
- Doblarlo.
- Tocarte el pelo.
- Meter y sacar las manos de los bolsillos.
- Hacer girar un bolígrafo.
- Tocarte constantemente la cara.
- Cruzar y descruzar continuamente los brazos.
Si en algún momento no sabes qué hacer con las manos, simplemente mantenlas relajadas.
8. El movimiento y el desplazamiento
No es necesario permanecer completamente inmóvil durante toda la exposición.
Puedes desplazarte ligeramente por la zona desde la que estás hablando, especialmente si necesitas:
- Acercarte a la televisión.
- Señalar una imagen.
- Enseñar una maqueta.
- Mostrar un objeto.
- Cambiar de posición al comenzar una nueva parte de la explicación.
Pero el movimiento debe tener un motivo.
Evita caminar continuamente de un lado a otro sin ninguna razón.
Tampoco es conveniente permanecer toda la exposición pegado a la televisión o escondido detrás de una mesa.
Como regla general:
Muévete cuando el movimiento ayude a explicar algo.
9. Cuando utilizamos la televisión de clase
En muchas exposiciones tendremos una imagen, una presentación, una página web, un vídeo o nuestro propio trabajo mostrado en la televisión grande de la clase.
La televisión es un apoyo para tu explicación, pero no sustituye a la persona que está hablando.
Cuando quieras señalar algo:
- Dirige la mirada hacia la pantalla.
- Señala claramente el elemento.
- Explica qué deben observar.
- Después vuelve a mirar al público.
Por ejemplo:
“Si os fijáis en esta parte de la imagen…”
Después de señalarla, vuelve a colocarte de manera que puedas continuar hablando a la clase.
No debes pasar toda la exposición de espaldas al público leyendo la televisión.
10. Tú y la pantalla sois dos focos de atención
Cuando hay una pantalla, las personas que escuchan alternan su atención entre:
la persona que habla ↔ la pantalla
Por eso debes ayudarles a saber dónde tienen que mirar.
Puedes decir frases como:
- “Ahora mirad esta imagen.”
- “Fijaos en la parte superior.”
- “Aquí podemos ver…”
- “Si volvemos al dibujo anterior…”
- “Lo más importante de esta imagen es…”
Mientras explicas una idea que no necesita observar la pantalla, vuelve a mirar a tus compañeros.
11. No leas lo que aparece en pantalla
Si una diapositiva contiene texto, los compañeros pueden leerlo ellos mismos.
Tu trabajo consiste en explicarlo, ampliarlo o destacar lo importante.
En lugar de leer:
“Los materiales reciclables son aquellos materiales que pueden…”
Es mejor explicar:
“Aquí hemos dividido los materiales en tres grupos. El primero es…”
La pantalla aporta información y tú aportas la explicación.
12. Si señalas algo, asegúrate de que se entiende qué estás señalando
Evita expresiones como:
“Esto de aquí.”
“Esta cosa.”
“Lo de arriba.”
Es mejor decir:
“La pieza situada en la parte superior derecha.”
“El elemento de color azul.”
“La primera imagen.”
“La conexión que aparece entre estas dos piezas.”
Cuanto más precisa sea tu explicación, más fácil será seguirla.
13. Si te equivocas
Equivocarse durante una exposición es completamente normal.
Si te confundes:
- Corrige la información.
- Continúa hablando.
- No hace falta empezar desde el principio.
- No conviertas un pequeño error en el centro de la exposición.
Puedes decir simplemente:
“Perdón, quería decir…”
y continuar.
14. Si te quedas en blanco
Si durante unos segundos no recuerdas qué tenías que decir:
- Haz una pequeña pausa.
- Mira tu guion.
- Localiza la siguiente idea.
- Continúa.
No pasa nada por consultar el papel.
Precisamente para eso sirve.
15. El comienzo de la exposición
El principio debe dejar claro qué vas a presentar.
Puedes comenzar indicando:
- Qué trabajo has realizado.
- Qué objetivo tenía.
- Qué vas a explicar.
Por ejemplo:
“Voy a presentar el trabajo que hemos realizado sobre…”
“Nuestro proyecto consiste en…”
“Primero explicaré…, después veremos… y finalmente…”
Esto ayuda a los compañeros a entender desde el principio cómo se organiza tu exposición.
16. El final
No termines simplemente diciendo:
“Y ya está.”
Intenta cerrar la exposición de forma clara.
Puedes:
- Resumir la idea principal.
- Mostrar el resultado final.
- Explicar qué has aprendido.
- Señalar una conclusión.
- Dar paso a preguntas.
Por ejemplo:
“En conclusión, con este proyecto hemos comprobado que…”
o
“Este es el resultado final del trabajo. Gracias por vuestra atención.”
Una regla sencilla: VOZ + CUERPO + MIRADA + CONTENIDO
Antes de comenzar una exposición recuerda estas cuatro cosas:
VOZ
Habla alto, claro y sin correr.
CUERPO
Mantén una postura natural y utiliza las manos para acompañar la explicación.
MIRADA
Mira a las personas que te escuchan, no únicamente al papel o a la pantalla.
CONTENIDO
No leas simplemente tu trabajo: explícalo.
El papel recuerda. Tú explicas.
El papel puede ayudarte a recordar lo que tienes que decir.
La televisión puede ayudarte a mostrar lo que quieres explicar.
Pero ninguno de los dos realiza la exposición.
La exposición la haces tú.
Una buena presentación consigue que las personas que están escuchando puedan seguir fácilmente lo que dices, sepan dónde mirar y entiendan las ideas principales de tu trabajo.
