SAMgiro


Para el alumnado

En esta actividad vamos a utilizar una herramienta nueva: el compás. Aprenderemos a colocarlo correctamente, sujetarlo con cuidado, abrirlo a diferentes medidas y hacerlo girar para crear círculos de distintos tamaños.

El objetivo no será copiar un modelo concreto. Cada alumno o alumna realizará una composición libre formada principalmente por círculos y circunferencias. La imagen puede representar algo reconocible —una cara, un paisaje, una máquina, un planeta, una flor, un animal— o puede ser completamente abstracta.

Primero construiremos la composición utilizando el compás y lápiz. Tendremos que pensar cómo repartir los círculos por el folio, qué tamaños utilizar, cuáles se superponen y qué espacios dejamos entre ellos. De esta forma trabajaremos también la organización del espacio, la proporción, el equilibrio y la composición.

Cuando la estructura esté terminada, repasaremos las líneas a mano alzada con rotulador. No utilizaremos de nuevo el compás para esta parte: el objetivo será controlar el trazo y aceptar también las pequeñas irregularidades propias del dibujo manual.

Después podremos rellenar con color algunos de los espacios que se hayan creado entre las líneas. No es necesario colorearlo todo. Cada alumno decidirá qué zonas deja vacías y cuáles rellena, buscando un resultado equilibrado y personal.

El uso del compás nos ayudará además a mejorar la motricidad fina, la coordinación de las dos manos, la precisión, la paciencia y el control de pequeños movimientos.


Para las familias

¿Por qué trabajamos con compás en Plástica?

Esta actividad se relaciona directamente con el bloque de Dibujo Geométrico de la programación, donde se propone reconocer y utilizar el círculo, la circunferencia y el semicírculo dentro de composiciones artísticas.

El compás se utiliza aquí no como una herramienta técnica avanzada, sino como un recurso para desarrollar la motricidad fina y la coordinación manual. Para trazar un círculo, el alumnado tiene que estabilizar una mano, controlar la presión, coordinar el movimiento de giro y mantener una apertura constante. Todo ello exige atención, precisión y control corporal.

La actividad tiene además un enfoque completamente creativo. No se da un modelo que deba copiarse, sino que cada alumno o alumna construye una composición propia a partir de círculos de diferentes tamaños. La imagen puede ser figurativa o abstracta, lo que permite trabajar la imaginación y la toma de decisiones.

Durante el proceso se desarrollan también conceptos de composición, proporción, escala, superposición, equilibrio y distribución del espacio.

Una vez terminada la estructura geométrica, el alumnado repasa las líneas a mano con rotulador. Este paso es importante porque combina la precisión inicial del instrumento con la expresividad del trazo manual. Se trabaja así el control del gesto, la seguridad y la aceptación de pequeñas diferencias respecto al trazado mecánico.

Finalmente, cada alumno decide qué zonas desea colorear y cuáles dejar en blanco. Esta elección introduce nociones de contraste, ritmo visual, lleno y vacío, además de reforzar la autonomía y la capacidad de decidir sobre el propio trabajo.

El objetivo final es que descubran que una herramienta geométrica puede utilizarse también para imaginar, experimentar y crear composiciones personales, al mismo tiempo que mejoran precisión, concentración y coordinación manual.

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